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¿Hace cuánto que no jugás?

Por Delfina de Achával

| 09/04/2024 |

Quizás podemos leerles un libro o ponernos a dibujar con ellos, pero cuando nuestros hijos nos piden que nos sentemos a jugar, muchos hacemos agua. Nos falta paciencia, ingenio, creatividad. Sentimos que estamos perdiendo el tiempo. Y, a la vez, nos da culpa no ser capaces de dedicarle ese espacio a nuestros niños. No ser capaces de conectar con la capacidad de juego.

Si estuviste alguna vez en ese lugar, vengo a contarte algo importante. Nuestro cerebro no solamente sigue sabiendo muy bien cómo jugar, sino que además necesita ese espíritu lúdico para volverse más creativo y más flexible. Gracias a nuestro cerebro más primitivo, el reptiliano, las personas necesitamos ese desafío que nos impulsa. 

Tuve un momento de mi vida en el que sentí que me había vuelto muy seria y tenía poco humor. Esto puede suceder a medida que vamos creciendo en nuestra carrera y sentimos que debemos ser un poco más formales para estar a la altura del puesto y el ámbito científico en mi caso. Y aunque mi pasión por mi trabajo me hacía sentir viva y alegre, entendí que necesitaba volver a despertar mi sentido de la alegría. 

¿Qué hice? Empecé a conectar más con los momentos de juego. Con mis hijos, con mi marido, con mis amigos. Empecé a desempolvar una actitud lúdica y a decir que sí, incluso a cosas que me daban miedo o vergüenza. Y a medida que lo hacía, comenzó a volverme la chispa, la motivación y el optimismo. 

Hoy siempre estoy dispuesta a tirarme en el piso y armar alguna construcción de Legos o rompecabezas, jugar al doctor o al restaurante. También a sacar del ropero los juegos de mesa y proponer alguna noche entre amigos o en pareja. Y a decir siempre que sí a las comedias, los shows de stand up, las sitcoms. Sigo sin ser buena contando chistes, ¡pero estoy siempre abierta a que me cuenten uno bueno! 

Un abrazo, Delfina.

Después de muchos años de estudiar la mente humana integrando la ciencia occidental con la filosofía oriental, sentí una profunda necesidad de compartir mi mirada del mundo y reivindicar el poder de lo simple, chiquito y cotidiano para nuestro bienestar.

Quiero invitarlos a recorrer este espacio juntos, y así incorporar recursos y herramientas hacia una vida más alegre, liviana, y amable, en dónde honremos el vínculo con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

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